#11 Palíndromas
“Sé verla al revés”
Dicen que una vez que se encuentra un patrón en el mundo, ese patrón se aparece luego por todos lados. Se convierte en una obsesión, en un lenguaje, en una marca que lo persigue a uno. En algunos casos son fractales. En otros las series numéricas, como la sucesión de Fibonacci. En otros los y las palíndromas.
Basta con descifrar uno y, de repente, aparecen otros. Basta con encapricharse con uno de ellos y luego lo asaltan en cada rincón, en cada callejón. Basta con observarlos agazapados y de repente, se vuelven visibles en todos lados. Salén del escondite: uno, dos tres por mí. La curiosidad de la rareza se vuelve normalidad.
Sé verla al revés resume mi obsesión, mi búsqueda, mi enfermedad palíndroma. Yo Soy.
Las palíndromas son palabras que me han acompañado en mi vida, que tienen algo escondido, camuflado, un cascarón que hay que traer a la mesa de vez en cuando y servirla. Los juegos de palabras son rayuela para mí, son capacidades de leer en descodificación, de ver lo que otros no ven, pero también de descifrarlas.
Amo las palabras en general, pero en especial amo las palíndromas. Ellas me sacan a bailar aunque yo no sepa hacerlo. Se dejan llevar en melodías. Se dejan ver al revés. Una y otra vez.
La infancia estuvo hecha para todos de palíndromas sin saberlo: Anita lava la tina y Dábale arroz a la zorra el Abad, pero creo que no pasaba de ser un pista rápida, un ejercicio escolar que nos dañaba la cabeza, que nos divertía, pero que efímeramente se olvidaba rápidamente. Para mí, fue además un descubrimiento. Una capacidad genuina de perseguirlas. De buscarlas. De Cazarlas. Luego, con el tiempo y los años descubrí que hay miles, libros enteros dedicados a ellas, que se pueden unir y jugar: A man, a plan, a canal: Panamá. Que están, que somos, que viven, que les gusta reconocer y ser reconocidas, que van y vuelven y narran. En fin, palabras que por todos lados se encuentran, como si no hubiera callejones sino apenas rotondas, roundpoints. Frases extrañas, circulares, que adquieren otro sentido.
Sobornos: son robos.
Amo las palabras palíndromas porque, como en ese hermoso poema de Altazor, "Irías a ser ciega que Dios te dio esos ojos", yo creo que sería mudo si no tuviera esta habilidad de verlas, y de usarlas como mi ejército, como mi capacidad de verlas de frente y al revés. Espejos donde me reflejo. Ida y vuelta. Lo dicho y vuelto a decir.
Amo las palíndromas porque son acertijos que no reconocemos hasta que descubrimos el primero de ellos y luego se nos hacen tan obvias, como si estuvieran ahí -por años- a la espera de nosotros. Nos conocemos mientras ellas nos conocen.
No somos las palabras que escribimos, sino lo que logramos descifrar en ellas. No solo los significados y los significantes, sino también los juegos que contienen, sus propias trampas, sus escapes.
Las palíndromas me encantan porque siempre están jugando. Una mano que escribe y al acabar no borra, sino que vuelve a declamar. Un cuadro de MC Escher. Amo las palabras palíndromas porque son infinitas. Son como queremos ser muchos… interminables. Son caos y orden. Principio y final con bug.
Siempre he creído que somos palabras y lo que ellas nos enseñan. Somos la capacidad de leer sus acertijos de una manera única: la izquierda es derecha, la derecha es izquierda. El orden de lectura se transforma. Uno empieza a leer y la forma habitual es obvia, pero luego, como si se desnudaran, al mirarlas al revés, todo cambia. Las sílabas desordenadas obtienen orden. Lo que se leyó se repasa, lo que se había visto reaparece.
Fantasmas.
Me gustan las palabras palíndromas. Me gustan que me sorprendan. Las he perseguido y ellas a mí, como un perro que se muerde la cola, como una moribundo incapaz de soñar mientras sueña. Como un mapamundi que gira sobre sí mismo.
No sé cuál es la magia de que se lean igual de adelante hacia atrás. No sé cuándo se descubrieron, ni cuándo iniciaron su viaje hasta hoy, ni cuándo lograron adaptarse y colarse en tantas culturas. No sé en qué momento se metieron en mi imaginación y se volvieron un fantasma que debía perseguir. No hay idioma que no la tenga. No hay hija, como mi hija Ana que no las lleve.
Incluso hay libros sorprendentes como KARCINO de Juan Filloy, uno de los primeros palindrólogos; pasando por Arte Letra del colombiano Juan David Correa, que le vuelan a uno la cabeza; hasta misterios y enigmáticos como los cuadrados de SATOR, que siguen sin descifrarse.
Pero no son sólo palabras, también son números, capicúas, (a los que alguna vez me dijeron que era una palabra en catalán para designar "cabeza y cola"). Tal vez por eso me gusta mirar el reloj a las 11:11, o hay fechas en los años que me afectan más, como el 20/02/2002, o tal vez por eso compro el Baloto siempre así: 01 10 11 22 33… en fin…
Creo que las palabras vienen envasadas en nuestra cabeza para que a lo largo de la vida podamos liberarlas. Dejar salir a los demonios. Creo que hay privilegios que algunos tenemos al leer entre líneas y creo que hay seres y reveses que nos llevan a tener fijaciones y fascinaciones. Hechizos que nos hacen al nacer.
Somos eso: palabras escritas de derecha a izquierda y viceversa. Seres humanos circulares. Perseguidores y perseguidos.
Somos palabras deconstruidas, palíndromos infinitos que nunca acaban. Distopías de un mundo mudo.
Es extraño: somos ese desorden de las letras vistas de una en una, pero esa magia de las mismas unidas. Hebras invisibles de otros mundos escondidos.
En estos casi 50 años, las palabras palíndromas me han atacado y me han dicho, mientras me ponen un cuchillo entre el Amor y Roma que no somos como leemos, sino como otros nos leen. Que somos, en el fondo solo eso, como otros nos leen, no como leemos.
Una filosofía, paradójicamente, de ver el mundo con pura palindromía.
SOMOS SERES (que) NARRAN Y NARRAN SERES (que) SOMOS.


Una cosa bonita de los palíndromos es un tema de perspectiva: aprendes a ver todo desde el otro lado (literalmente). Ahora entiendo esa habilidad para resolver ciertos problemas que viene, intuitivamente, de saber mirar desde diferentes ángulos.
Gracias !! Disfrutó mucho tus escritos. Espero que para los 51 no abandones a tus fieles lectores