#23 Mascotas
"I Love My Dog" Cat Stevens
Tuve un perro que se llamaba Mateo, era negrito, pequeñito, juguetón. Dormía conmigo. Yo tendría unos 7 años cuando lo conocí. Era de la familia Gómez Villamizar. Fue una de las primeras mascotas que tuve en una época, por allá en los 80, donde no había toda la parafernalia que hoy en día existe para los animales, ni todos los servicios y ofertas, y donde esa mascota era un animal que comía lo que uno comía, dormía donde uno dormía, y tenía un antejardín para salir a hacer sus necesidades y jugar.
Era parte de la casa, pero no una parte central.
Desde el 2021 vivimos con Mockachino, un perro labrador chocolate, necio, juguetón, alegre. Llegó a nuestra casa, por pedido de mis hijas, para ser parte del desorden de la familia Gómez París. Es una mascota de las de ahora, de las que hay que sacar a caminar tres veces al día, tiene comida especial para él, veterinaria a la mano, correa fina para sacarlo a dar paseos, tiene paseador y hace parte de la familia para lo bueno y para lo malo. Un animal de compañía y apoyo emocional.
Una parte más de nosotros.
Dicen que las mascotas se parecen a sus dueños, y es verdad, nos acompañan como parte de la alegría. Nos consuelan con su presencia. Nos hace más llevadera la soledad, las disputas, la cotidianeidad de una vida. Nos entienden, aunque no les hayamos pedido empatía.
Traer a Mokachino a la casa Gómez París fue toda una decisión. Vivimos en un apartamento, no en una casa con jardín. Trabajamos y no siempre podemos estar con él, salimos los fines de semana, queremos estar con él y para él, y muchas veces lo logramos, pero no queríamos ni sabíamos lo que nos iba a aportar como familia. Traerlo fue una sorpresa para Ana e Isa, y una apuesta (con irresponsabilidad total) mía. Un animal para educar por parte de unos humanos que no sabían cómo hacerlo.
Hoy, la vida sin Mockachino sería difícil de imaginar. En especial para mis hijas. Hace parte de la rutina. Su ladrido nos despierta cuando se oye un ruido, acompaña a mis hijas, duerme con ellas. Recién nacido destruyó cuanto se encontró por el camino, nos hizo pelear por sus travesuras, nos puso a dudar, pero rápidamente se ganó un espacio no en la casa, sino en el corazón. Allí, tiene su cama, su espacio, su tiempo. Somos también como nos relacionamos con él. Hoy, Mokachino es un amigo de todos, que incluso se ganó a Juli a punta de cariño.
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A los 4 años tuve un pollito que me gané en una rifa de magia en la oficina de mi papá.
Luego tuve una tortuga.
Mi hermana tuvo un conejo.
Somos las mascotas que tenemos sin saber mucho.
Tuve peces.
Hoy lo pensaría dos o tres veces.
Hubo una época donde tener mascotas era parte de la vida de una generación. No entendíamos bien el porqué y el para qué, pero establecíamos vínculos que nos marcaban. Establecíamos conversaciones con ellos y los hacíamos ya parte más de nosotros, pero de una manera pasajera. Como un encuentro casual.
El pollito se fue como llegó, muy rápido, y no me acuerdo cómo se deshicieron de él. La tortuga desapareció, seguramente a toda velocidad. Los peces murieron y la pecera quedo a medio usar.
Tener mascota entonces no es lo que es ahora. Ahora, todos tenemos una historia con ellos, de amistad, de recuerdo. No han cambiado ellos, nos hemos transformado nosotros. Mokachino me ha enseñado sin querer enseñar. Ver a mis hijas, jugar con él, paga todas las travesuras que hizo.
Las mascotas, en mi caso los perros, me generan conexión. Una extraña. No de dependencia, pero si de compañía. Hay un amor incondicional que genera vínculo. Hay un no sé qué, que los hace parte de ello. Aunque no hablan, hay comunicación. Aunque no lloran, hay compasión. Aunque no saben leer, sí que entienden de las emociones humanas.
Yo suelo, los fines de semana, caminar con Mockachino por el barrio. Él me saca a caminar, y no yo a él. Aunque a veces, en jornadas de lluvia, maldigo un poco, generalmente disfruto el camino. Él me lleva y yo lo llevo. Caminamos juntos. No hablamos, pero disfrutamos el momento.
Somos también, los paseos que damos con nuestras mascotas y lo que pensamos mientras caminamos con ellos. Somos pensamientos de vida y de ausencia.
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Aún recuerdo la muerte de Mateo, mi primer perrito. Murió casi a los 12 años, mucho tiempo para su raza, y cuando yo era un adolescente. No hubo entierro, pero si hubo ausencia.
Cuando muere una mascota sus dueños mueran un poco también.
Nos convertimos -querámoslo o no, en aquello con lo que convivimos. Nos convertimos en los actos cotidianos que hacemos. Extrañamos más que la rutina, con quien teníamos esa rutina.
Hay rituales que se aprenden para otros y hay otros que nos enseñan con sus rituales.
Hace poco me contaron sobre un árbol en un parque de Bogotá donde las personas que han perdido a sus perros le cuelgan una foto como recordatorio de su paso por la tierra. Un homenaje simbólico, para un amigo de vida, una forma de recordar no sólo a ellos, sino lo que hacíamos con ellos. No me imagino que pasará con Mockachino cuando no esté, no me imagino lo que será su ausencia para mis hijas, pero supongo que será un vació distinto a otros, pero que allí donde siempre estaba, habrá un ladrido invisible y mucha nostalgia por el.
Pocos amigos uno tiene en la vida que se alegren tanto con una invitación a comer, con una invitación a un paseo, o simplemente con una caricia.
Escribo esto, sabiendo que somos las mascotas que añoramos y las que tenemos. Somos las conversaciones que ellos oyen sin hablar. Somos seres de un mismo planeta, en diferente etapa de evolución.
Al final, son amigos de cuatro patas, en el caso de los perros, con los que establecemos una relación diferente, pero que llevamos también en el alma. En mi caso, Mokachino es parte de la sonrisa de mis hijas, de su cotidianeidad, pero también de su aprendizaje.
Es parte de la familia.
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Somos las mascotas que tenemos, como las tratamos, como establecemos vínculos.
Tener una mascota, es en el fondo, darnos otra oportunidad de entender de otra forma la vida.


Los perritos y yo no nos la llevamos para nada bien, pero claramente no es por culpa de ellos...
Gracias por escribir por estos amores eternos e incondicionales. No es fácil vivir sin ellos . Dan demasiado sin pedir nada a cambio 🐶😇❤️❤️