#26 Mamá
Eme con a: ma
Nació en un mes pero celebraba su cumpleaños en otro.
Leía el horóscopo y aunque su signo no era Cáncer, más de una vez lo leyó porque vivió 12 años con uno que la devoraba por dentro.
Pintaba cuadros y óleos e iba a clase de pintura cada semana donde Rosita.
Jugaba cartas y nos ganaba sin saber jugar, como sin fijarse, pero con ese auspicio que siempre tuvo.
Regaba las matas a diario de su invernadero.
Hacía muecas. Muchas muecas
Era siempre carcajada, risa convertida en alegría, optimismo hecho presencia.
No manejaba, pero me llevaba a la 170 en su Simca para que tuviera clases de nivelación del colegio.
No sabía de mecánica, pero me recordaba siempre echarle agua y gasolina al carro.
No hablaba inglés, pero se reía en Estados Unidos preguntando cuando golpeaban a la puerta: who is?
Siempre tenía frío. La tensión bajita decía.
Era delgadita, huesuda, de muñecas chiquitas.
Se teñía el pelo cada mes con Kolestón.
Al final de su enfermedad tuvo peluca y nos hacía reír con ella.
Visitaba los casinos y ganaba sin saber por qué ni cuándo, sentada en la máquina tragamonedas.
Acompañaba a mi papá desde siempre con un amor complementario, cotidiano, tranquilo. Eran pareja. Son pareja.
No peleaba, no regañaba, (al menos a mi) y solo vivía con la alegría de (mal) criar a su cuarto hijo.
Era mi mamá, la mujer frágil que me enseñó a ser fuerte.
La que iba al CSC a hablar con Sister Edwin cada semana, cuando la monja la citaba, hasta que se aburrió y le dijo que ella no madrugaba más, que estaba enferma.
La que decía mentiras piadosas para que no tomara leche en el colegio en transición y en cambio me dieran gaseosa
La que me daba calendarios de buena suerte que aún van conmigo y en mi billetera.
La que cocinaba con practicidad lo que fuera, un plato para cada cual si era del caso, por el placer de consentir.
La que siempre dijo sí, con cariño y respeto, pero con auspicio.
La que me daba un poquito de la plata de la que mi papá le dejaba encima del televisor para que yo comprará algo.
La mujer que rezaba porque Millonarios ganara aunque no supiera nada de fútbol.
La que veía El Desafío.
La que oía radionovelas y veía novelas.
Una mujer que decía que había estudiado arte y decoración y tenía alma de artista.
Una mujer hermosa, que jamás dejó la carcajada ni la risa, ni la negoció contra el pesimismo.
Una mujer de óleos y rostros en sus pinturas. De paisajes, de flores.
Una mujer sensible.
Una talentosa con sus manos.
Una mujer mamá que me dejó su lado femenino.
Que confundía los nombres de sus otros hijos.
Que los marcó a ellos también.
Que al final de sus días la visitaba el tal alpiste... ese alemán de inicio de Alzheimer con cara de despiste…
Esa que estaba alegre siempre, aunque estuviera en quimioterapia permanente.
La mujer que se fracturaba una mano y no se daba cuenta.
La que tenía un umbral de dolor alto.
La que era amiguera, tenía costureros, hacia visitas
Esa mujer que seguro lloró muchas veces pero que yo nunca la vi así, pues siempre tenía era risa.
La abuela de sus nietas, a la que conoció, excepto a una.
Esa que me consentía y me sentía.
Esa que siempre estaba.
Esa mujer que derrotaba las quimios, los pronósticos, los médicos.
Esa que antes de irse le hizo una mueca a mi hermano en su estado empático que aún me hace reír.
La que hacía el mejor aspic de frutas que he comido (el único).
La que se levantaba antes que yo para darme desayuno.
La que hacía arepas a mano.
La que desayunaba brownie y chocolate.
La que me dejó el gusto por el jugo de lulo.
Esa mujer que hoy es una lágrima alegre que sale de los ojos y va a la boca para hacerse risa.
Nana, Susana, mi mamá.
La mujer que no usaba su primer nombre.
La que tenía historias.
La que me dio la vida.
La que me dejaba quitarle las botas.
La que me hacía cosquillas.
La que...
Somos las mujeres que nos forjan.
Somos el adn que traemos.
Somos recuerdos de cómo crecimos, de cómo nos proyectaron.
Somos la evolución de los padres y la revolución de los hijos.
Somos ella.
Yo soy mi mamá.
Soy ella por ella y para ella.
Soy esa forma de ver la vida siempre: con lo positivo, con lo esperanzador, con lo alegre. Con caminos, nunca con abismos.
Somos lo que nos hace sonreír.
Somos el recuerdo de quienes nos formaron.
Somos la capacidad de reforzar momentos de vida que son la vida hecha momentos.
Yo soy su niño que fui. Uno que siempre supo que su palabra favorita era "mamá".
La mujer que aún duerme al lado de mi papá en forma de foto, y en alma de amor, y aún lo acompaña en cada viaje. Su compañera siempre.
La mujer que él aún extraña. Que todos extrañamos.
La que recuerdo.
La que estuvo en mi vida física 36 de estos 50 años, pero en la inmaterial toda la vida.
La que no olvido porque viaja conmigo, siempre en mí.
La mujer más alegre que había, porque la alegría es la ventana de todo optimismo.
La mujer que venció a la muerte porque se fue con sonrisa...
La mujer que se fue un 28 de julio de 2012.
La que me hizo lo que soy, fui y seré.
En fin… mi ángel de la guarda, mi dulce compañía...
La mujer que me enseño que eme con a, es ma


Querido Andrés, como es usual tenías razón: no fue una, sino varias las lágrimas en el Uber de regreso (aún mientras escribo esto). Para quienes tenemos la bendición de tener a nuestros padres vivos, tu texto es un verdadero tesoro. Confieso que le tengo pánico a ese momento de la despedida… y hago lo que puedo por estar con ellos.
Gracias, mil veces gracias por esta belleza de homenaje.
Gran homenaje para tu Ma!!! 😍