#31 Religión
“No me interesa un cielo prometido; me interesa la manera de caminar sobre la tierra.”Louise Erdrich (escritora).
Yo no asisto a misas, no práctico credos y no voy a rituales de cualquier religión, pero creo firmemente en la necesidad del ser humano de ser espiritual.
Creo en su imperfección y en la búsqueda constante fuera de él, en las respuestas que se pierden dentro de sí. Creo que somos hombres en busca de sentido, como decía el gran Victor Frankl.
Yo no soy ni del cristianismo, ni del hinduismo, ni del islam, ni del budismo, pero sí del ser humanismo. Yo soy de los que buscan esa posibilidad de creer en otro ser humano, de trabajar con él, de construir con él, de poder llevarse bien con él, sin hacerle daño o afectarlo, sin que haya mandamientos o dogmas.
Soy, y creo, en la búsqueda de un entendimiento del otro, del sentido de amistad profunda y real. Creo en la esencia de que el hombre no es un lobo para el hombre, sino uno más que no siempre se corrompe.
Creo en la amistad real, viceversa, palíndroma, de ida y vuelta.
Hoy, en este momento de vida, sé que se puede ser espiritual pero no religioso. SBNR (Spiritual But Not Religious).
Yo no profeso una religión, pero me considero espiritual.
Practicar un rito, asistir a una iglesia, pertenecer a una comunidad, son formatos y formas de ver la vida respetable. No practicar, no pertenecer, no estar, también lo es. En eso consiste también la espiritualidad, en entender y respetar la diferencia del otro sin querer conquistar.
Creo en la búsqueda de la espiritualidad, de conexión interna, de trabajo en la consciencia. Creo en la imperfección de lo que somos, en nuestras falencias y en nuestras ganas de transformar. Creo en la posibilidad y en la realidad a la que nos enfrentamos, pero claramente no creo en crecer con la culpa como mochila.
Soy espiritual, pero no religioso. Vivo en comunicación interna conmigo mismo, en conversaciones profundas; en repaso de memoria de los actos; en constante psiquiatría.
Busco la capacidad de mirarme al espejo, de estar en constante debate, de creer que hay búsquedas más de fondo, de pensar en el más allá estando más acá.
Fui bautizado y crecí en un hogar católico, donde mi mamá iba a misa y donde algunas veces la acompañé, y me aburría, aunque leí con juicio lo que entregaban. Fui a un colegio católico de curas benedictinos donde también aprendí muchos conceptos y temas, en donde la misa era obligatoria y me aburría; un lugar donde hice la primera comunión, pero donde en bachillerato tomé la decisión de no confirmarme y en donde al final ir a misa era asistir, pero no estar, ni ser. Fui luego a Universidades con una fuerte ascendencia religiosa como Notre Dame, Javeriana y la Sabana, y en todas ellas reforcé mi creencia humana, al tiempo que no religiosa.
Hace unos años, casi 20, tomé la decisión en uso total de racionalidad de no volver a misas, de no practicar el rito católico. Preferí ser un humano imperfecto, pero no sentirme un pecador que reza y empata. Hace mucho que me quité ese pecado inicial y esa sensación de culpa con la que nunca me sentí cómodo. Hace mucho que no creo en infiernos y paraísos, sino en estados del alma. Hace mucho que miró al cielo con los pies en la tierra.
Hoy sé que en la espiritualidad no hay que estar, hay que ser.
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La abuela de mi esposa es una católica de esas que veo vive su religión cristiana, desde la fe católica, con plenitud, sin entrar a dogmas, siendo buen ser humano, pero, sobre todo, sin querer imponer a nadie, respetando la diferencia, oyendo y, sin embargo, acompañando y guiando en todo momento.
Somos tan frágiles como aquello en lo que creemos y somos tan fuertes como aquello en lo que creemos.
Siempre me cuestioné mucho los temas, las razones, los argumentos; siempre me gustaron los símbolos y los rituales, como los de las misas católicas, pero también había una distancia con ellos. Hoy se que no me gusta cómo se comunica lo que se comunica. Sufrí mucho el sermón, esa palabra misma que suena ya a regaño… No me gustaban las homilías donde no entendía, donde no se miraba la realidad con metáforas y parábolas no solo extrañas sino complejas,
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Amé Siddhartha de Hermann Hesse por el camino, no solo por el resultado.
Hay conversaciones tan profundas con uno mismo, hay tantos pensamientos que andan por ahí, hay tantas ganas de ser y estar, que me gusta. Hay algo que me parece interesante de las muchas religiones, pero no me gusta ninguna religión como una sola.
Soy espiritual, porque existo, y existo porque soy espiritual.
No sé qué pasará cuando muera, a dónde iré, qué estado tendré, pero tampoco me preocupa. Mi vida es hoy y aquí, mi angustia es hoy y aquí, mi esperanza es hoy y aquí. Tecleo ahora sabiendo que no hay angustia, que hay camino.
Hoy, cerca a los 50, al final no sé todavía lo que soy, pero está bien. Soy un ser humano que cree en el humanismo. Un ser espiritual, no religioso, que avanza en busca de sentido.
Un hombre en busca de no perder el sentido.


qué buena reflexión, ojalá el mundo fuera respetuoso en el mundo espiritual como lo es su escrito.
Interesantes reflexiones …