#35 Amistad
“Dar es dar, y no fijarme en ella y su manera de actuar. Dar es dar, y no decirle a nadie si quedarse o escapar.”Fito Páez
Los amigos son un regalo que nos damos. Poder entrar en la vida de alguien, así sea por un día, un mes, unos años, un momento de vida, como quien hace una peregrinación en busca de paz, es maravilloso.
Los amigos son habitaciones que nos reciben. Todos podemos ser inquilinos por un momento de otro.
Tengo amigos que llevan conmigo 45 años de vida y otros que apenas van en meses. Cada uno me genera un valor distinto. Espero a cada uno de ellos generarle un valor diferente. Cada uno me habita a su manera. No hay mejores o peores amigos, ni los de siempre o amigos de ratos; hay amigos y punto, los que nos ocupan de manera distinta.
Somos fantasmas llenos de amistad.
Los amigos son nuestro sistema solar sobre el cual orbitamos.
La amistad es un regalo que nos dan y que nos damos. Un presente en presente.
Los del colegio, sin duda, marcan mucho de la vida, porque son los que lo conocieron a uno desde esa infancia, desde transición A, B o C, y los que lo vieron crecer, fracasar, triunfar, llorar, reír; los que conocen las rabietas y las personalidades, pero los que siempre dan una y otra oportunidad. Amigos de recreo, de entrenamiento de deportes, de talleres literarios, de bus, de primeras fiestas, de primeros viajes.
Los amigos de la universidad son distintos, porque allí son más los gustos que las casualidades lo que lo une a ellos. Amigos de pupitre, de estudiada, de filosofada. Amigos de partido en los huecos, de salir a tomar cerveza, de largos recorridos por la autopista. Amigos de visión de profesiones, que luego la vida los cruza en los mismos negocios o espacios. Son los amigos de esos cinco años de carrera donde poco importan las edades, porque al final nos unen las mismas pasiones.
Los amigos del trabajo son pequeños átomos que uno se encuentra y con los que logra conocerse en las horas de no trabajo, en los almuerzos, en los cafés, en la cotidianidad de la oficina. En la risa y en la queja. Algunos fueron jefes, otros colegas, otros a los que vimos crecer o nos vieron crecer. Son amigos llenos de risa, de anécdotas, de capacidades y de café.
Pero hay otros amigos, los de la vida adulta, los de correr por ejemplo, que aparecen sin pensarlo, sin saberse, y se van haciendo cotidianos. Amigos de largas conversaciones, de profundas reflexiones; amigos que, en medio de su fragilidad en el kilómetro 25, se desvisten para contarle a uno la vida. Amigos de hábitos y de disciplina. O los amigos de los cursos que hacemos a lo largo de nuestra carrera y con los que compartimos aulas, sueños, temores, como los que hace uno en el INALDE o en tanto otro curso o espacio.
Una vida sin amistad es una vida triste porque no trasciende. Una vida sin amigos debe ser un infierno porque no hay con quién gozar del paraíso.
Los amigos son efímeros, lo sé; tienen fecha de caducidad en muchos casos. Lo que pasa es que lo renovamos cada vez que nos encontramos, lo que pasa es que nos actualizamos cada vez que nos vemos, y nos ata el pasado, ese allí donde fuimos juntos. Hay amigos que fueron y ya no son, y eso también está bien.
La amistad no es un acto en presente, sino de pura nostalgia.
La amistad es verse en otros reflejado como es uno mismo.
Soy un defensor de visitar a los amigos, ya sea por palabras, obra u omisión. Traerlos al presente mientras escribo esto, por ejemplo; recordarlos en pasado; invocarlos con la mente. La amistad no necesita momentos, sino calidad de espacio.
Con los del colegio me gusta sentarme a almorzar en Cactus, ese refugio bogotano de amistad, y comernos una buena carne con unas cervezas mientras hacemos los mismos chistes de siempre, hablamos de las mismas cosas de hace 20, 30, 40 años, pero sabiendo que allí hay un vínculo que no se fragmenta, puente que siempre se sostiene de cada lado. Son los amigos con los cuales los silencios comunican tanto como las palabras.
La amistad es una puerta giratoria de la cual guardamos siempre la manija. Aunque con muchos ya no hay cotidianeidad, lo cierto es que se sabe que están allí para los actos precisamente no cotidianos, para los abrazos, para las tristezas, para los brindis. Amigos de fiestas y despedidas.
Somos los amigos que tenemos y tenemos a los amigos por lo que somos. Ni mejores ni peores, simple amistad que se hace por coincidencias de la vida: un salón, un deporte, un hobby, un aula, una oficina.
Me gusta tener amigos, me gusta tomar café con ellos, ir de fiesta, ir a fútbol, hablar de bobadas y de lo trascendental, conocer a nuevos y sumarlos a los círculos, encontrármelos después de muchos años y verlos allí en su esencia.
La amistad es un regalo que nos damos y que nos dan.
La vida es sincrónica. No es por quién somos hoy, sino por quién fuimos cuando nos conocimos.
Reírse de nuevo de la misma infancia, de la adolescencia, de la universidad, del trabajo, de un curso en edad adulta, jugar al juego de memoria, es mantenerse vivo.
Engañamos la realidad con las historias que construimos.
Los amigos hablan siempre del ayer porque saben que es la manera de acercarse al futuro.
Somos los que fuimos y somos con quien lo fuimos.
Una oda a la amistad, en estos 50 años. Una oda a los amigos del San Carlos, del barrio, de las universidades, del trabajo, de las calles y de correr, porque ellos han hecho lo que soy hoy, porque ellos son piezas de un rompecabezas donde cada ficha ha sumado para el cuadro final.
Soy ese fragmento de cada uno de ellos, soy la amistad con los que llevo 45 años, soy su fragilidad, y también soy la amistad de los nuevos.
Soy su inquilino, aunque hace años no los habite. Soy su nuevo visitante si apenas nos conocemos.
La vida es cíclica. La amistad, lineal. Somos los recuerdos que vamos dejando por la vida mientras avanzamos, somos migas llenas de amigos.
La amistad, como dice el gran Fito, es dar y dar, y no decirle a nadie si quedarse o escapar. Un acto de pura libertad. Una certeza de que nunca se vive en soledad.


🙌🏼 buenisimo!!! Sobre todo ser parte de sus amigos
Los amigos son una fuente de energía vital única. Últimamente me he sentido bajito de esa energía así que he coordinado one to ones con varios.
La mayoría de mis amigos del San Carlos ya no viven en Colombia. De mi grupo de 10 solo 2 seguimos acá, así que outlook, bloqueo agenda y hago reuniones virtuales con mis amigos, y con los de acá intentamos una cerveza al menos al Q.
Yo antes pensaba que la amistad no se acababa, luego de un par de cierres y sus respectivas tusas, aprendí que también se retoman y se cultivan.
Abrazo Gomez