#9 Enseñar/Aprender
“Enseñar es aprender dos veces" Joseph Joubert
Los profesores son estaciones de tren en las que a veces los estudiantes nos bajamos, y en donde en otras pasamos de largo. Somos los profesores que nos marcan para la vida. Los buenos y los malos.
En el colegio fui disperso y mamón; escribía poemas en matemáticas y física; pintaba sobre el escritorio en clase de sistemas; molestaba a los otros en clase de inglés; cazaba peleas innecesarias en educación física; hacía copialinas en ciencias y química; en fin… contaba las horas, los minutos, los segundos para salir a jugar fútbol, que era mi único y real interés y en donde soñaba realmente con destacarme.
El colegio no fue fácil. Educarme no fue fácil. Hoy sé que toda educación requiere de corresponsabilidad
Somos remembranza y admiración de quienes aprendimos y de aquellos con los que no congeniamos. Somos en el fondo una parte de ellos, porque nos ayudaron a motivarnos frente a un tema, o nos desincentivaron de otros.
En el colegio era un estudiante rebelde, vago, desinteresado. Uno de esos que necesitaba una motivación que pocas veces llegaba. Uno que iba a clase pero no estaba allí. Era un Andrés que andaba de pelea con los profesores, que le gustaba contestar, provocar, joder, negado por negación propia para las matemáticas, y que veía el colegio y las tareas con profunda y real aburrición. Había algunas clases -, español, historia, filosofía-, que me encantaban, y algunos profesores que me motivaban, pero en la mayoría de clases era un muerto viviente sentado en el pupitre.
Siempre pienso en mis profesores de esa época, de Colegio San Carlos, y sé que no fui fácil. Pienso en ellos y recuerdo ahora a la mayoría con admiración.
Yo era de los que iba al colegio por el recreo (el grande y el chiquito), por el fútbol, por los amigos, por la charla antes de que sonara la campana a las 7 a.m., por el bus y la conversa con el vecino, pero nunca -o casi nunca- por aprender. Mis notas fueron siempre terribles. Mi maleta tenía lo básico para sobrevivir: unos guayos, una pantaloneta y un cuaderno de cinco materias que hacía sombra y estorbo. Nunca supe lo que era eso de hacer tareas. La motivación se quedó por años en el banco de suplentes a la espera de que sonara la campana para poder jugar de titular en el recreo. No había interés.
El San Carlos fue un colegio exigente en lo académico, liberal en lo importante y relevante, exitoso y competitivo en lo deportivo, un lugar real y profundamente diverso al que recuerdo con cariño y admiración, pero, sobre todo, el lugar donde forjé verdaderas y eternas amistades. Un lugar donde pasé 13 años de mi vida, pero que me marcó para siempre.
Allí, donde me aburría aprender, fue también donde se cultivó -como contraprestación y sin saberlo- mi pasión por enseñar.
Sé que fui un pésimo y complicado alumno en el colegio, que por eso mismo se convirtió en un profesor apasionado y disciplinado en la adultez.
Una némesis de esa adolescencia.
Un estudiante vago que convirtió en su mayor ventaja competitiva el saber aprender rápido de muchos temas, encontrando lo realmente importante y útil para él, y pudiéndolo explicar de manera sencilla. Un ser que en su vida universitaria encontró la motivación y la pasión para querer aprender y que desde entonces la volvió un acto cotidiano de vida.
Hoy aprendo para enseñar y enseño para aprender. Devoro libros, datos, conocimiento, me reto a mi mismo, porque la inquietud por aprender me pasa al tablero donde no me importa la nota. Hoy busco nuevas formas de enseñar y mendigo formatos para compartir conocimiento. Hoy soy un alumno permanente que trabaja en enseñar, en aprehender a aprender. Un ser que lucha porque nadie se aburra en clase como yo lo hacía, y que se motive como algunas veces también lo estuve.
Estación de tren donde quiero que paren.
Somos lo que irradiamos cuando enseñamos. La pasión que tenemos. La capacidad de encontrar caminos para enseñar a dudar de todo, incluso de la duda misma.
Hoy, creo y práctico en enseñar de manera simple, pero con fondo; de manera liviana, pero con profundidad; con entendimiento de raíz de los temas pero, sobre todo, con entrega profunda de intelecto y corazón. Con diversión para mi y para los que están en clase.
Entrar a un salón de clase a dar una clase (nunca a dictar, porque entonces se vuelve uno un dictador) es en el fondo desfragmentarse y morir un poco en cada espacio para que los otros recojan los fragmentos que les interesan y puedan construir su propia verdad. Para que puedan armar su propio pensar.
Enseñar es dejar de ser, para que otros puedan pensar en cómo ser. Enseñar, en el fondo, es llevar a otros de la mano por el callejón para que vean los puentes que uno cree ver y disfrutar, e invitarlos a que lo visiten a su manera a que encuentren sus propios paraísos.
He sido profesor de tercero, quinto de primera, de noveno y once, de pregrado, de posgrado, asesor de tesis, etc. Desde los 20 años y ojalá hasta que el alma me alcance. Un profesor convencido de que el reto está no tanto en el conocimiento (que se debe tener) sino en la forma de transmitirlo. En lo que contagiamos. En la pasión que tenemos y mostramos. En la energía que dejamos en cada momento.
No es solo el guion, es en especial la puesta en escena.
Somos espejos donde otros se ven, pero que correctamente iluminados, se vuelven infinitos
Enseñar no es solo guiar a los que quieren aprender (eso es fácil) sino, sobre todo, retar la mente y corazón de los que no han sido motivados.
Hoy sé que me aburría mucho en la mayoría de clases del colegio por mi propia elección y por ciertas escogencias de esos adultos. Ciertas lecturas. Ciertos formatos. Ciertos ejercicios. Cierta metodología. Hoy sé que un educador debe ser también un gran comunicador. Un apoyo, un apasionado que sabe qué y cómo conversar.
Hay una imagen que me genera una sonrisa intima de felicidad. Cierro los ojos y veo ese silencio al que le salen señales cuando en un salón de clase, en el ambiente, se siente que los alumnos están interesados. Están pensando. Están divagando en sus propios laberintos. Están encontrando utilidad y valor. Amo ese silencio comunicante. Amo las caras, los gestos y los rostros de los alumnos cuando sé que logré meterme en su cabeza y abrirles grietas. Cuando se les ve que al techo de la mente, se les está entrando el agua.
Gusanos que recorren inquietos el cerebro.
“Profe, me dejó pensando”, o “Nunca lo había visto de ese modo” o “Gracias, de verdad por explicarlo así” son frases que pagan con creces y que enriquecen cualquier conversación en un aula de clase.
Sólo se puede enseñar lo que se ama de verdad. Sólo se puede aprender lo que nos motiva de verdad. Lo otro es pura información que entra y sale. Sólo se puede enseñar y aprender sobre lo que nos motiva. No solo lo que se domina. Sólo se puede enseñar y aprender lo que apasiona a uno, no lo que solo se conoce.
Enseñar es un regalo genuino lleno de generosidad y de ego. Es querer dejar algo de uno mismo, que creemos valioso, en los otros. Aprender es un acto de humildad. Enseñar, es en el fondo, entregarles las llaves del propio cerebro y corazón a otros, para que ellos lo habiten y descubran y disfruten sus rincones -como uno lo disfruta- pero a su manera. Aprender es abrir la mente y el corazón. Enseñar es darle las llaves a los otros para que luego puedan entregarles esas llaves a otros, y estos a otros, hasta el infinito. Carrilera que nunca acaba.
Enseñar es, en el fondo, nunca dejar de aprender…


"Somos espejos donde otros se ven, pero que correctamente iluminados, se vuelven infinitos." Me alegra mucho saber la poesía no se quedó en el San Carlos.
Tanto que hablar, tantos espejos y tantos ecos que me genera este escrito, Andrés!!! Ahora me pregunto por qué no nos habíamos puesto a trabajar antes, pero al mismo tiempo sé la respuesta: todo llega, todo lo elegimos en el momento que es.
Gracias por conmoverme de nuevo, Maestro.
(Si, con M mayúscula).
C.T.
Espectacular, como siempre. Voy recolectando citas que me gustan de sus escritos. Hoy me quedo con esta: “Sólo se puede enseñar lo que se ama de verdad. Sólo se puede aprender lo que nos motiva de verdad. “ 👌🏻